El nostre company Josep Blanch ens va presentar el seu viatge fotogràfic a Benín, un discurs visual capturat a través d’instants decisius. Ara compartim el seu relat narratiu, una crònica personal que connecta i dialoga amb les seves fotografies.
BENIN
Viajar a Benín es adentrarse en uno de los territorios más fascinantes del continente africano. Un país donde la tradición sigue viva, donde los rituales, las máscaras y la música siguen marcando el pulso de la vida cotidiana.
Desde el sur tropical, entre aldeas lacustres y templos vudú, hasta el norte seco de las montañas Somba, Benin es un país de gran riqueza cultural y fotográfica, donde encuentras ceremonias auténticas y encuentros humanos profundos,
Con grandes contrastes, lleno de diversidad étnica y cultural. En el sur, la costa atlántica, donde se emplazan las dos grandes ciudades. No muy lejos se encuentra ubicada la ciudad de Ganvié, cuya peculiaridad es que está construida sobre el lago Nokué. En el oeste, encontramos Ouidah, antiguo puerto de “exportación” de esclavos y actual capital del Vudú.
Hablar de Abomey, es hablar de la capital histórica del poderoso reino de Dahomey, donde se encuentra el conjunto de palacios reales, Patrimonio de la Humanidad y donde se concentra realmente la mayor cantidad de sociedades de tradición Vudú. Y más al este el pueblo holi, etnia que tradicionalmente se “vestía” con tatuajes muy vistosos y se afilaba los dientes.
El norte es territorio otamarí, etnia animista con escarificaciones faciales y constructores de las “tata somba”, pequeños “castillos” construidos a mano. En la zona norte también se encuentran los fula, la etnia de ganaderos seminómadas más extendida de África.
En mi viaje fui testigo de rituales mágicos como las danzas del espíritu Zangbeto, divinidad que cada noche cuida y protege a los habitantes de Benín y de la fuerza espiritual del vudú, origen de una cosmovisión que sigue presente en la vida diaria de las comunidades.
Benín es un país donde lo visible y lo invisible se entrelazan, donde cada ceremonia es un puente entre el mundo de los vivos y el de los espíritus.
Es un destino que invita a mirar con respeto, a comprender sin juzgar y a fotografiar desde la emoción y la humanidad.
Blanch (2026).









